7 Mitos sobre el pánico escénico y cómo vencerlo

¡Que tal soldado!, ¿sabías que muchas personas le tienen más miedo a hablar en público que a la mismísima muerte?… ¿no me crees?. Acuérdate de lo nervioso que estabas cuando tenías que hacer aquella presentación, el pánico escénico de dominaba y casi lloras como mariquita.

Sí, tal vez hubieras preferido que alguien más lo hiciera por ti o mejor no hacerlo ¿no es cierto?. Pues te tengo buenas noticias  novato, eso que sentiste es totalmente normal y hay muchos mitos al respecto.

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Pero un soldado rudo como tú no puede paralizarse en la batalla; tú debes paralizar a tu audiencia con tus palabras, que sus ojos, sus oídos, su lengua, su corazón palpiten por ti, ¿está claro?. Pero hasta que llegue ese día, solo te pido por favor no hacer caso a los siguientes mitos cuando se trate de tus nervios:

Mito 1: “Las personas que sufren de pánico escénico son neuróticas”

¡Hazme el $%?# favor!, los buenos oradores se ponen nerviosos igual que los malos pero en menor grado. Winston Churchill, por ejemplo, se enfermaba físicamente antes de sus discursos en el Parlamento Inglés. Sin embargo, fue capaz de reunir al pueblo británico en un momento de crisis, fue un auténtico líder.

Mito 2: “Decir una broma o dos es siempre una buena forma para comenzar un discurso”

¡No me jodan!, el humor es duro de manejar, se requiere un sentido exquisito, una habilidad especial; incluso los mejores comediantes a veces llegan a tener fallas en sus rutinas… nada es peor que esperar una risa que no llega.

Las mismas bromas y chistes pueden jugar muy diferente en distintas audiencias. Por estas razones, no es una buena idea comenzar con una broma, sobre todo si no está bien relacionada con el tema o no se conoce a profundidad a la audiencia.

El humor es demasiado impredecible y difícil. Pero si a ti te vale lo que te estoy diciendo e insistes en usar el humor, asegúrate de que la “broma” esté aplicada a tí, no refieras a otra persona.

¡Ah!, y no te olvides de esto: nunca te detengas a esperar una risa que puede no venir. Si la audiencia capta la broma, bien, si no, continua para que no tengas ese silencio incómodo.

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Mito 3: “Imagina a la gente de tu audiencia desnuda”

¡Qué tontería!, ¡que mito más absurdo! ¿qué maldito comunista depravado dijo esto? (aunque sinceramente hay audiencias con las que sí quisiera aplicar este consejo jejeje).

Esto simplemente no funciona, porque imaginar al público desnudo no hará nada para calmar tus nervios, sino al contrario, hay gente en la audiencia que no desearás ver desnuda.

Mito 4: “Cualquier error que se cometa será mal visto

¡Patrañas!, ¡Todos cometemos errores!. Lo que importa es cuán bien nos recuperamos de ellos. Alguna vez, durante el desarrollo de un evento, la persona encargada del audio comenzó un himno solemne que estaba en el programa, segundos después y de manera inexplicable se mezcló una pista que desconcertó al público y todos se miraban unos a otros con inquietud.

Había sido un error en el desarrollo del evento y quien lo dirigía se limitó a decir “bueno, acabamos de oír una nueva versión de nuestro himno”, lo cual provocó risas entre la audiencia y el asunto quedó como una agradable experiencia.

De la misma manera, cuando se habla a los demás, ésto no tiene que ser perfecto, si llegas a cometer errores, ¡no te disculpes soldado!, haz como si estuviera planeado o bien solo corrige inmediatamente, riéndote de ti mismo. Esto relajará a la audiencia y también a ti.

Mito 5: “Es mejor aprenderse perfectamente el discurso”

Si hay algo en este mundo que odio es memorizar…. aprenderte tu discurso palabra por palabra te pondrá muy tenso. Si olvidas un punto, la única manera de volver a la pista es comenzar desde el principio y corres el riesgo de que tu mente quede en blanco en algún momento.

Pero si no me haces caso, y por tus #$%& decides memorizar, tu fracaso y sufrimiento están asegurados. Solo recuerda tres a cinco puntos principales, improvisa si es preciso y habla con naturalidad mirando a tu audiencia.

Mito 6: “El público notará que estoy nervioso”

¡No seas paranoico!, aunque no lo creas, el estado natural del público es la empatía, la gente quiere oírte, está interesada en lo que les vas a decir. Es poco probable que la gente se dé cuenta de tu pánico escénico, de tu nerviosismo. Así que, no te disculpes por estar nervioso, si no lo dices, la gente ni sabrá.

Mito 7: “Debes estar muy tranquilo antes de dar un discurso, evita el nerviosismo”

¡Qué falacia, que aburrido!. Los actores y otros intérpretes profesionales de forma consciente confían en su nerviosismo para canalizar la energía extra en su desempeño. La gente prefiere escuchar a un hablante que está alerta y entusiasta a uno que esté relajado hasta el punto de aburrimiento.

Muchos oradores profesionales dicen que el día en que dejen de sentirse nerviosos será el día en que deben retirarse. Lo importante es controlar esos nervios y canalizarlos en tu presentación.

¿Qué te pareció soldado?, no vas a negarme que ya habías escuchado varios mitos sobre el dominio del pánico escénico en forma de consejos  y seguramente los pusiste en práctica.

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Bien, ahora ya sabes que no funcionan y que al contrario el sentido opuesto del mito es lo que resulta útil. Es suficiente por ahora novato, solo no te olvides de recordar esta lección en el campo de batalla, y si lo prefieres para evitar estar nervioso, prepárate con antelación y ten a la mano ejemplos de discursos… hasta la próxima.

¿Y tú qué opinas?